Significado y significante

Si hay algo complicado en este mundo, es que te entiendan y hacerte entender y, cuando escribes, es básicamente la principal preocupación en tu mente.

El hecho de que tú tengas claro un concepto, una idea, o sepas por qué este personaje o ese otro hacen determinadas cosas, no significa que el lector entienda qué está pasando a la misma velocidad. Al final se tira de conceptos manidos, de lugares comunes y de referencias que más o menos todos compartimos para que la IDEA sea la misma, la lea quien la lea.

Y aun así esto no ocurre siempre.

El otro día tuve una conversación con unos amigos en los que salió a relucir un libro que teorizaba sobre la fecha exacta en la que el ser humano adquirió lo que hoy se denomina, “teoría de la mente”, o el concepto de alteridad. Es la habilidad de saber que lo que uno piensa y desea no es lo mismo que piensa y desea el de enfrente y que vivimos en una constante y perenne carrera de traducción e interpretación. En este libro, “Origin of consciousness in the breakdown of the bicameral mind”, de Julian Jaynes, se teoriza con la idea de que en el pasado, la voz interior de nuestros pensamientos se intepretaba como la voz de los espíritus y los dioses, y que con tu pueblo esa contextualización podía valer, pero que en cuanto el comercio hizo que la gente visitara otras culturas y que sus dioses no les decían las mismas cosas, se empezó a pensar en que en realidad no eran los dioses, sino otra cosa. Esto llevaría a la larga a la concepción de conciencia propia o alteridad. La crítica al libro, en este link (https://slatestarcodex.com/2020/06/01/book-review-origin-of-consciousness-in-the-breakdown-of-the-bicameral-mind/) ofrece más datos al respecto en los que no entraré.

Salvando los detalles más escabrosos de esa teoría, que a mi parecer tiene bastantes lagunas, la idea de que entendemos el mundo y lo hacemos entender bajo el paraguas de un sistema de significantes comunes (idioma, símbolos, cultura) y que no tiene por qué parecerse en absoluto con otros sistemas, es fundamental. Este detalle es especialmente evidente a la hora de ver, o no ver, los sesgos culturales e idiomáticos que tenemos implícitos a la hora de comunicarnos.

El lenguaje, como tal, es creador de realidades y el lenguaje, en sí mismo, es un producto cultural. Es inevitable que el sesgo exista, pero, ¿queremos evitarlo? Ahí reside la opción del escritor, de saber ver qué es sesgo, qué es lo que quiere contar, qué visión del mundo quiere mostrar. Esto enlaza mucho con la crítica a buena parte de la narrativa moderna de producto mass-media, ya sea cine, videojuegos, cómics o literatura. Todo lo que escribimos, el mundo que dibujamos, todo lo que queremos crear en la mente del lector, es una elección, y como tal, es una visión estrecha y específica de la realidad que queremos crear. Esas elecciones reflejan nuestros sesgos o nuestra voluntad de huir de ellos, pero hoy día estamos en un mundo lo suficientemente amplio como para poder reconocerlos.

Creo firmemente en la libertad artística. También creo firmemente en la libertad de crítica. En lo que no creo es que la justificación banal del sesgo bajo la premisa de la verosimilitud, porque ya no es una cuestión de hacerse entender por otras personas que quizá tienen otros sistemas de significación, es la negación directa de la existencia de éstos.

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